miércoles, 17 de diciembre de 2014

Uhmaikä

Uhmaikä: así es como se dice en finés "los terribles dos" o "la edad de las rabietas" (uhma es como desafío, reto, pero con un matiz de testarudez, de llevar la contraria con rebeldía; ikä es edad). Se llama en castellano los "terribles dos" porque es típico que dé comienzo a los dos años. Norah en realidad viene teniendo rabietas ya desde hace meses; recuerdo alguna incluso del viaje de Finlandia. 
Pero sin duda es desde septiembre, a la vuelta de vacaciones, cuando las rabietas se intensificaron en frecuencia y potencia. Hay días en los que es la Norah encantadora, simpática, dulce y cariñosa de siempre. Y luego hay otros en los que empieza la mañana con rabietas, sigue con ellas tooodo el día (si no toca guarde) o al recogerla de la escuelita. Hay veces que la causa está clara: porque no se quiere vestir/cambiar el pañal/ponerse al abrigo-los zapatos/salir a la calle/entrar en casa… en fin, que es totalmente comprensible. Ya tiene voluntad propia, quiere ser independiente como ha descrito David en otras entradas… y vienen dos personas adultas (ma y pa) a los que quiere mucho pero que se emperran en que hay que hacer las cosas cuando ellos dicen y como ellos dicen. Y esas cosas no siempre coinciden en momento, forma ni fondo con lo que ella quiere. ¡Ay! Y entonces, hay veces que se cabrea muuuuucho. Se tira al suelo. No quiere ni que la toques. Llora. Chilla. Da mucha pena, la verdad. 
Otras veces no hay una causa clara, simplemente se cabrea porque sí y ya. Claro, no hay una causa clara que podamos entender nosotros, que para ella sí la habrá. 
Y eso, que hay días que ni una y otros que es toooodo una lucha. Y claro, si no es nada importante no pasa nada, pero si hay que cambiar el pañal o hay que vestirse pues… a veces es difícil. Normalmente en esas situaciones a veces recurrimos a distraerla o enseñarle un vídeo (y eso que estamos intentando deshabituarla de tanta tecnología, que ha llegado a tener auténtica adicción con los móviles sobre todo, lo que no es bueno para ella). Ahora enseñarle el cuento de Frozen ilustrado también suele ir bien. Yo le ofrezco cada x minutos: "cuando te tranquilices, te cojo y te leo un cuento". Al final cuando se cansa, pues ya accede a venirse conmigo.

En realidad, lo de tener rabietas es bueno, forma parte del desarrollo normal de cualquier niño en la formación de una personalidad independiente. Y está bien. Aunque es agotador. En realidad la rabieta es mucho peor si nosotros respondemos mal. Entendiéndola y sabiendo que ella lo está pasando peor en ese momento ayuda a llevarlo mejor. Aunque a veces se hace un poco duro, sobre todo cuando se tira por los suelos y da la impresión de que se va a hacer daño. 
Y es que en realidad, forma parte también de un desahogo de todo lo que implica crecer y hacerse mayor. En la guardería no las tiene. ¿Con quién se va a desahogar entonces, si no con aquellos con quienes tiene más confianza, y quienes sabe que la van a querer siempre siempre? Que tenga las rabietas con nosotros es una señal de apego seguro. 

Aun así, cuando se acaben, no creo que las echemos de menos. Salvo quizá cuando sea adolescente.

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