jueves, 11 de septiembre de 2014

Durmiendo y comiendo en el viaje de Finlandia

Cuando planeábamos el viaje a Finlandia, me preocupaba un poco cómo se adaptaría Norah a estar todo el día por ahí, fuera de su ambiente… sobre todo por el tema de dormir y comer. Y resulta que se adaptó estupendamente. Como había días de bastante coche, se echaba siesta en el coche casi siempre al lado de la abuela (aunque alguna vez le costaba quedarse dormida como no fuera por la repetición cansina del Hämä-hämähäkki). En la cabaña también se echaba unas buenas siestas mañana o tarde, según estuviéramos por ahí. La primera noche nada más llegar a Helsinki, se quedó roque en la Manduca mientras cenábamos en el Zetor. Y cuando le compramos un carrito para el viaje, se dormía en él. A veces con llanto previo, pero en general bien. Por las noches también se quedaba dormida rápidamente previa toma de leche, agotada de estar todo el día con estímulos y cosas nuevas. Lo malo es que en el hotel siempre nos teníamos que quedar uno o los dos con ella, pero ya habrá viajes en los que salgamos más por la noche. En la cabaña sí la dejábamos durmiendo arriba mientras nos metíamos una barbacoa entre pecho y espalda. Cierto es que en el viaje los horarios se le desmadraron, pero precisamente el cambio de horarios formaba parte de su adaptación al viaje.
En cuanto a las comidas… bueno, nunca ha sido de mucho desayunar, salvo para la leche (pero no recién levantada). Algún día tomaba algo (sobre todo arándanos si los había!), pero en general poca cosa. Sí que comía lo mismo un potito o cosas que le diéramos de nuestra comida. Probó el reno, los muikku o corégonos y el helado de pera. Cogió auténtica amor a los arándanos (se los metía en la boca a puñados - aunque de uno en uno - y se los quedaba ahí sin masticar ni nada… luego los descomía enteros por abajo :p). La verdad es que siguió comiendo como siempre, como es ella: un día mucho, otro día menos, otro día poquísimo, otro un montón. Y claro, seguía tomándose su litro de leche diario.
Otra cosa curiosa de este viaje fueron los sitios raros donde le tuvimos que cambiar el pañal en alguna ocasión: en el suelo en el aeropuerto (tanto en Madrid como en Helsinki) - tuvo el buen ojo de no hacer aguas mayores en el avión -, en la planta de arriba de un restaurante medieval en Tallinn, en un saliente de una sala circular del castillo de Olavinlinna, en un baño pestosillo de un Viking Line camino de Tallinn… a ella la situación le parecía hacer gracia, y no protestaba como lo hace a veces ahora en casa. 
La verdad es que con el tute que le dimos aguantó como una campeona. No podemos quejarnos de compañera de viaje!, que muchos adultos se/nos vuelven/volvemos más insoportables en los viajes que nuestra querida Norah. 

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